Terapia para las personas y los pueblos.

Terapia para las personas y los pueblos.

El Partido Popular está desarrollando un estilo enfermizo de la política: el insulto permanente. Es un estilo obsesionado, consecuencia de la actitud de unos dirigentes que se niegan a reconocer su fracaso y se atrincheran en la derrota. El PP está dispersando la responsabilidad e imputando a acontecimientos externos todo lo malo que le sucede. Mientras este partido no asuma su fracaso y reflexione sobre los tropiezos de su último gobierno, estará bloqueado. Los que precipitaron su hundimiento estaban en la sede de la calle Génova antes de marzo de 2004… siguen allí.

Está claro que la insinuación permanente de que existe una conspiración planetaria contra el PP solo es la manera en que Zaplana, Aceves y el distante Aznar eluden la crítica y la responsabilidad. El inconveniente es que quieren meternos en el círculo vicioso del litigio permanente que implica obstruir la política por la vía de porfiar en un solo problema. Puede que un sector muy pequeño de la ciudadanía esté entrando a ese trapo, pero el resto, se levanta cada mañana y se incomoda con sus particulares atascos (gástricos, económicos o automovilísticos) y le aburre y asquea esa estrategia de la oclusión.

El problema es cuando se está dispuesto a inocular el veneno del odio y el resentimiento. En esa estrategia se enmarca la utilización de las víctimas del terrorismo como patrimonio particular.

Yo desconfío. Sé que no olvidar dignifica, pero la memoria no debe pervertir el futuro ni servir para reavivar sufrimientos. La sociedad española precisa también de estrategias terapéuticas contra las tensiones y la animosidad.

Terapia para las personas y los pueblos. Terapia que no condene a rumiar permanente y morbosamente el dolor… y que permita construir vidas en paz. Muchas personas, desearíamos que no se desaproveche la ocasión de parar la barbarie de la bomba y el tiro en la nuca. No es justo que estos deseos sean calumniados.

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