Educación sexual para decidir

Educación sexual para decidir

Argentina bulle reclamando a la Suprema Corte de Justicia bonaerense que permita abortar a una niña discapacitada mental, de 19 años, que está embarazada producto de una violación. Estos casos, son la punta que hace visible el férreo control de las mujeres en sociedades que se auto-denominan democráticas. Yo no las reconozco.
Todo el  movimiento feminista de América Latina está inmerso en la reivindicación de los derechos reproductivos. Su slogan, su lema, su consigna lo pide todo: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”

El orden de las acciones (educación, anticonceptivos, aborto) es importante porque eludir o escabullirse de cualquiera de los primeros aboca irremediablemente a la intervención quirúrgica.

En los países donde se ha regulado la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) posiblemente el problema es otro: la trivialidad con que las administraciones y el sistema educativo declinan su responsabilidad de informar preventivamente a las y los jóvenes, para una sexualidad responsable que evite desde embarazos no deseados a infecciones indeseables. De esto saben mucho en España los integristas Cañizares y Rouco-Varela (recuerdo inmemoriam para Mª Jose Urruzola) y en todo el mundo la Iglesia Católica y otros integrismo (judío, católico o musulmán) que realiza campañas virulentas y sistemáticas contra la educación sexual, el acceso a métodos anticonceptivos y cualquier avance o ideología que permita a las mujeres  acceder a informaciones y métodos que les permitan dar más opciones a sus vidas
En España, el reciente Informe sobre la interrupción voluntaria del embarazo y los métodos anticonceptivos en jóvenes nos muestra que esta situación de imprevisión provoca que, miles de mujeres se vean obligadas a recurrir a la IVE. ¿Quién es finalmente el responsable? Posiblemente pudiésemos hacer una escala de responsabilidad que correlacionaría con el orden de la reivindicación de las campañas de las feministas latinoamericanas y que va desde sistemas que no educan a  gobiernos que esconden, dificultan o prohíben el acceso a los medios farmacológicos de control. En el final de la escala estarán las insensatas, que existen, aunque me atrevo a decir que son una minoría. Pero, lo que de verdad no pienso eludir, es que también se produce un uso cómodo, simple y androcéntrico de la sexualidad por parte de los varones… un uso, qué un gran número mujeres aun no tiene capacidad de condicionar.

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