La carta

La carta

En cierta ocasión, un exaltado trató de insultarme llamándome ¡divorciada!.

He de reconocerle que es lo más gracioso con lo que me han adjetivado. Pero leyendo la carta que el periodista Pablo Ordaz ha incluido en su reportaje “El círculo del miedo”  he reforzado la conciencia de que la existencia de la mujer divorciada inquieta mucho a los maltratadores.

Las divorciadas, en general, se convierten en mujeres que pretenden relaciones de igualdad y son ejemplo vivo de que, a pesar de que la mayoría son relegadas a la precariedad, salen de “una circunstancia” y se superan, vuelven a gustarse y reconquistan espacios, comienzan otra vez y viven. Aquellos, que en el rosario de insultos incapacitantes, le dicen sistemáticamente a la víctima aquello de “pero…¿tú, dónde vas a ir?” entienden, con razón, que las “separadas” son en su entender mal ejemplo para sus aprisionadas parejas.

Como indica la “carta del asesino desde la prisión” incluida en el reportaje de Pablo Ordaz, “el otro peligro” viene de los grupos que pueden prestarle apoyo, entre quienes destacan las asociaciones de mujeres.

La carta recoge en un texto breve, todo un tratado del pensamiento del varón controlador y peligroso. Lo grave es, que cuando dice: “Yo pienso que se juntaría con dos o tres separadas o se metería en alguna asociación de mujeres y le comieron la cabeza”, está expresando la misma corriente ideológica que muchos intelectuales de la vetusta derecha. Es la misma doctrina que guía los principios integrista del autor de la Carta a los obispos de la iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y el mundo, y otros integristas aliados en “El Eje del Sexismo Militante”.

Os aconsejo que utilicéis la carta para trabajar con grupos. Leedla detenidamente, usadla. Felicitémonos de que haya periodistas capaces de captar la importancia de tan concentrado mensaje. ¡Todo un tratado!.

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