Iglesias reaccionarias&Varones integristas

Iglesias reaccionarias&Varones integristas

El Consejo de Europa  hace públicos datos escalofriantes y dramáticos: un 25% de las mujeres europeas ha sufrido malos tratos una vez en su vida y un 10% ha sido víctima de agresiones sexuales.
Dicho de otro modo: en los 25 países de la Unión, ciento catorce millones, quinientas mil mujeres (114.500.000) ha estado expuesta a violencia, por parte de su pareja, al menos una vez en su vida y casi cuarenta y seis millones (45.800.000)  ha sido agredida sexualmente. Este último dato significa que en Europa hay más agredidas sexualmente que habitantes tiene España.
Los datos apenas han tenido un párrafo en las  noticias que referían la puesta en marcha  de una campaña contra la violencia en toda Europa.  Un rápido apunte para la voracidad informativa de los medios de comunicación, pero da pavor.
El pavor de las mujeres no hace temblar las estructuras de los Estados, ni inquieta la conciencia de los moralistas religiosos,  ni otros usías que llevan señorío solo en el apellido, ya que en todo lo demás solo rezuman desprecio reaccionario. El pavor de las mujeres es garantía de que todo sigue controlado.
Por eso, es importante que seamos consciente de quien mueve los hilos. No podemos pasar de puntillas sobre hechos como que en Argentina la Iglesia Católica en un acto intolerable de ingerencia trate de presionar al Estado para evitar que ratifique el Protocolo CEDAW.

¿Por qué la Iglesia ataca inmisericordemente al Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer (CEDAW)?.

Sencilla respuesta:  porque la Iglesia, no comulga con las políticas públicas a favor de la Igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Por supuesto, apoya la igualdad declarativamente, como es corrección política, pero evita por todos los medios que existan organismos y estrategias públicas para eliminar los obstáculos que impiden que esa igualdad sea real.

Lo de Argentina no es nuevo, ni será el último intento, está en el marco de los ataques sin piedad (y sin compasión) hacia los principios y organismos que trabajan para que las mujeres tengan opciones.
Los integristas religiosos que dirigen hoy los pensamientos oficiales de las Iglesias no quieren derechos para las mujeres… al menos no aquel que nos permita decir ¡NO! a los modelos que  pretenden imponernos.
No tengáis ninguna duda de que los ciento sesenta millones de europeas agredidas son víctimas tanto de los ejecutores como de los que estimulan, instigan, avivan y espolean  para imponer espacios, conductas y roles diferenciados para hombres y mujeres.

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