Cómputos incompletos. Realidades desdeñadas

Cómputos incompletos. Realidades desdeñadas

Hace años, las organizaciones de  mujeres se vieron obligadas a realizar el cómputo trágico de mujeres muertas como consecuencia de la violencia por género.
Antes de 2002 -año en que el Ministerio del Interior modificó sus criterios estadísticos- en España se reconocían oficialmente un media de 40 asesinatos de mujeres, frente a los registros de las organizaciones que elevaban esa media a 70 casos anuales.
Poner en evidencia la minimización estadística que las autoridades hacían de esta cuestión era una manera de poner en entredicho los aspectos conceptuales, ya que la enorme diferencia en los registros atendía a diferentes criterios en la recogida de datos. Aún hoy, la diferencia persiste.

Las organizaciones de mujeres computan a todas las víctimas de esta violencia mientras que los datos oficiales insisten en referirse exclusivamente a las mujeres que mantenian vinculo afectivo con el victimario. Esto lleva a que casos como el de la niña de 7 años degollada por el compañero sentimental de su madre en Ceuta este mismo año, quede fuera de la estadística.  En Vigo, este año, murió una anciana al incendiar el marido de su hija la vivienda que compartían. La destinataria de la violencia también en este caso estaba clara. En Zaragoza un militar mató a su ex novia y a la hija de esta . La niña no está en el censo mediático.

Solo en 2004, veinte casos con estos perfiles quedaron fuera de la estadística oficial.
¿Se imaginan ustedes que en un atentado terrorista, un político fuese asesinado en compañía de sus escoltas y que el Ministerio del Interior  y los medios de comunicación solo contabilizasen al que podría entenderse como “principal objetivo del atentado”, dejando fuera en el procesamiento de datos a los escoltas?.  ¿Por qué las autoridades y la prensa desdeñan para la estadística un número tan importante de personas a las que quitó su vida el más brutal de los machismos?.

¿Por qué, las instancias gubernamentales competentes no ponen fin al baile de cifras -y de una vez por todas- unifican criterios, aseguran la imparcialidad, garantizan la fiabilidad y en general muestran una información acorde con la realidad?.

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