Javier Marías, Perez Reverte y hombres como los de antes
per Ángeles Álvarez
Una Carta que no publicó ELPAÍS en cartas al director
La tribuna de Javier Marías del domingo 30 de septiembre no tiene chiste, tiene trampa. Se sirve de una página completa de su periódico para exculpar a su amigo Arturo Pérez-Reverte y aprovechar el espacio -¡cómo no! – para denostar y escarnecer a las mujeres y los hombres que apoyan la igualdad.
El señor Marías hace trampa porque en ninguna parte de su texto da a conocer a sus lectores el origen del conflicto. Arturo Pérez-Reverte en el artículo referido publicado por el dominical XLSemanal del 22 al 28 de julio de 2007 bajo el título “Mujeres como las de antes” dice textualmente:
y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo.
Como poco, ese instinto básico del señor Pérez-Reverte puede calificarse de apología de la violencia, es insultante para las mujeres, reproduce el sexismo más rancio y es la imagen más discriminatoria que hemos leído este verano.
Desde luego, en los blog que circulan por internet se ha hablado mucho de esta columna. No es extraño que se la haya llegado a tachar de “delincuencia intelectual” y que muchas mujeres se hayan preguntado ¿quienes se han creído para mirarnos por encima del hombro juzgando si sabemos o no usar tacones, o si nuestra figura se corresponde o no con su idea de belleza femenina?.
Otra reflexión interesante es la de quien tiene claro, que el hecho de que una animalada de esa magnitud, aunque nos la cuenten con palabras cultas y frases que rozan lo redicho, no es intelectualidad sino petulancia, pedantería y efectivamente, quizás sean cultos pero poco inteligentes.
En términos literarios algunos expertos aseguran que lo que hace Pérez-Reverte es solo contar una historia, y que por muy brutal que sea no se le puede atribuir la responsabilidad sobre los resultados (literarios) de esta. Vamos, aquello de que no es lo mismo el autor que el narrador, y que quien crea un personaje asesino no puede ser en primera persona, responsable del delito de asesinato.
Hasta ahí de acuerdo. No es mal argumento para defender a Pérez-Reverte ante un juzgado de una querella que ya debería estar en marcha. Sin embargo, a poco que analicemos el texto, veremos que en este caso el que habla es el autor, no el personaje: Lo primero porque el periódico utiliza su nombre y sus apellidos y lo encuadra en una sección de la publicación que se llama “firmas”, por lo que es evidente que lo que de verdad le importa al medio es quien escribe y no qué escribe. Esto desde siempre, es lo que en periodismo se llama Opinión. Y no olvidemos que un delito de opinión permite en nuestra legislación y en nuestra jurisprudencia encarcelar o alargar encarcelamientos.
Lo segundo, porque es obvio que este señor no cuenta historia alguna. Habla de él mismo y de otro amigo suyo, harto conocido, dice en primera persona, y sin que ningún contexto haga pensar en personajes, lo que piensa y lo que siente. Habla, en definitiva de sus cosas y por lo tanto no puede escudarse en la creación literaria para justificar la bajeza y lo ofensivo del texto.
Y por penúltimo, (aun quedaría mucho por decir) cuando una interminable lista de mujeres muertas a manos de maridos, compañeros sentimentales, novios, y machistas diversos, no deja de crecer, es, de todo punto inmoral que alguien sea capaz de escribir estas cosas, y más aun que un poderoso medio de comunicación las publique impunemente.
A Pérez Reverte y a Javier Marias, es preciso recordarles que las mujeres españolas no queremos ser como las de antes y luchamos para que tipos como los de antes no se crean con derecho a abatirnos de un escopetazo… aunque sea piadosamente.
La firman más de 200 personas.



















