Ángeles Álvarez

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Articulos del Octubre, 2008


El PP, el principio de letanía y el aumento del grado de conciencia.

per Ángeles Álvarez

Aznar popularizó el concepto de maitines, religioso término que hace referencia al primero de los rezos que, los católicos realizaban antiguamente antes de amanecer. Después puso a todo el PP a trabajar mediaticamente bajo el principio de letanía que consiste, en lanzar una serie de ideas dichas por uno, para que sea repetida por otros.

La letanía es una enumeración reiterada y por tanto el término que mejor describe la insistencia. Todas las religiones la utilizan como método hipnótico con el claro fin de alterar la conciencia. La letanía adormece la razón, hipnotiza. La letanía se murmulla, lo que ayuda a dotarla de un efecto idiotizante.
Los efectos de la insistencia son sobradamente conocidos. Voltaire el “coronado” en la Comedia Francesa indicó que “Se repite una tontería, y a fuerza de repetirla se acaba por estar persuadido de ella”. También es muy conocida la estrategia nazi promovida por Joseph Goebbels, sobre su idea de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

La Web del PP de Madrid, edita con periodicidad un catalogo de pensamientos simples que pretenden ser la letanía para sus militantes. Son notas poco razonadas, que incorporaran datos sesgados para dar testimonio de la versión que sostienen y que buscan generar el murmullo de la corriente de opinión que pretenden generar.
Esperanza Aguirre y Gallardón subestiman la inteligencia y el aguante de los madrileños y deberían observar como la Iglesia perdió feligreses con estas estrategias a medida que la parroquia estaba más necesitada de hospitales eficaces que de verdades reveladas.

Las certidumbres son las que vivimos cada día. El aumento del grado de conciencia de los madrileños, sus certezas, se construye cuando visitan un hospital privatizado, en las colas para la gestión de plaza en una escuela infantil o al abrir temerosos el correo que notifica nuevas tasas, nuevas multas…

Aquí, en Madrid, la única verdad que los madrileños/as están desvelando, son las consecuencias que para sus vidas tiene la política de pillaje de lo público, o los excesos de gasto a beneficio de la proyección política de una u otro. En ese despertar de la conciencia ciudadana, Aguirre y Gallardón deberían saber que su estrategia ya no cuela y que llegados a este punto la letanía es percibida como monserga.

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Hipocresía y Argucia

per Ángeles Álvarez

 

Wikipedia, la enciclopedia libre, recoje una consideración del lingüista y analista social Noam Chomsky sobre la hipocresía, “definida como la negativa a aplicar en nosotros los mismos valores que aplicamos en otros”. En esa definición se cataloga la hipocresia como “uno de los males centrales de nuestra sociedad, que promueve injusticias como la guerra y las desigualdades sociales en un marco de autoengaño

Pero la deficición pura del concepto no deja  espacio para los aspectos psicologicistas:  la hipocresía (o el estado de ser hipócrita) es el acto de preconizar cualidades, ideas o sentimientos contrarios a los que en realidad se tienen.

Ponen de ejemplo, al adulto que fuma y comanda a sus hijos que no fumen….ese es un indicio de hipocresía.

 

Otro ejemplo, es la magnifica portada de EL MUNDO que ilustrar este post  y que por un lado, destapa la falta de fraqueza, mientras por otro, apunta las verdaderas intenciones del alcalde de Madrid y su ordenanza municipal para regular la publicidad. 

Los medios de comunicación han reseñado la prevista prohibición de los ‘hombres-anuncio’ y del reparto de publicidad en la vía pública. Pero lo del “hombre-anuncio”  es sobre todo argucia ya que, lo que de verdad Gallardon proyecta , es un aumento de la superfice urbana suceptible de ser usada como soporte  publicitario.

La cosa tiene muchos matices. Gallardón ansia un Madrid de mensajes Orwellianos, que le permita controlar y recaudar por la via de homologar y uniformar la publicidad. 

  1. El Grupo Municipal Socialista, a traves del concejal Pedro Santin ya ha dejado claro que la nueva regulación supondra “la invasión” publicitaria en la calles de la capital. Una invasión comercial ya que las miles de asociaciones civiles que utilizan la octavilla para dar a conocer sus actividades e  ideas, pasaran a la ilegalidad si usan uno de los pocos medios a su alcalde para darse a conocer.
  2. Lo del “hombre-anuncio” es una estrategia de distración, primero porque la Ley General de Publicidad ya lo prohibía  y segundo porque los medios  de comunicación, fijando su atención en la anecdota han dificultado que se vea, por ejemplo, la previsión de utilizar 250.000 farolas del alumbrado público para colocar publicidad comercial. Esos espacios limitados, según la actual ordenanza, a información municipal y electoral son, entre otros, el trofeo recaudatorio que busca Gallardón.

El gobierno municipal, destapó la intención con anterioridad, excluyendo de la regla común que marcaba la ordenanza a diferentes empresarios a los que ofreció las farolas para dar soporte a sus campañas. De hecho, en diciembre de 2007, de forma irregular, permitio la colocación de 400 banderolas publicitarias  de la empresa Samsung en farolas de las calles de Goya, de Serrano y de Alcalá .

 Recientemente, Gallardón infringia de nuevo la ordenanza municipal, al liberalizar ese espacio para  una campaña que de a conocer la actividad teatral. Se saltó las reglas convencido de que nadie pondría en cuestión la necesidad de apoyar a las salas comerciales madrileñas, acosadas , por cierto, por una desleal competencia por parte de la politica cultural de Esperanza Aguirre y el propio Alberto Ruiz Gallardón . 

Que el teatro necesita apoyo es indiscutible. Pero en Madrid, son las políticas del PP las que ahogan las salas comerciales. Alberto R-Gallardón ha jugado a confundirles, excepcionando sus propias normas, es decir, ejerciendo el poder de forma arbitraria: aplicando la cacicada.

El trasfondo queda claro: las farolas madrileñas y otros espacios seran liberalizados para la publicidad.

Quienes vivimos en Madrid, sufriremos la invasión  de los reclamos comerciales y quedamos expuestos a contaminación visual. Lo del hombre anuncio… es lo de menos y tengo dudas de la eficacia de una medida de apoyo a los teatros  que se limita a ”colgarles en las farolas”.

 

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