Gallardón apuesta por la temeridad

Gallardón apuesta por la temeridad

El grupo socialista del Ayuntamiento de Madrid ha puesto en evidencia datos de las memorias de atención a las victimas de violencia de género muy preocupantes. Son los siguientes: A lo largo de 2010, la Comunidad de Madrid derivo 2.333 mujeres con Orden de Protección a los servicios de apoyo psicosocial de que dispone el Ayuntamiento de la capital de España. Esa derivación supone confiar al Ayuntamiento de Madrid la responsabilidad sobre un aspecto que le compete en el marco de las responsabilidades que la Ley Integral contra la violencia de género, deposita en Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales: la asistencia social integral a las víctimas.

Tan solo 595  de estas madrileñas con Orden de Protección aceptaron recibir ayuda psicosocial.

Desde el Grupo Socialista nos hemos preguntado: ¿Qué hace que el año pasado, en la ciudad de Madrid el 73,2% de mujeres con Orden de Protección desistiesen de recibir asistencia psicológica, seguridad y apoyo para la salida de la relación violenta?.

¿Qué ocurre para que en un municipio con un importante catálogo de servicios para la recuperación y reparación del daño, las renuncias sean tan elevadas?.

La respuesta no es sencilla, pero el Ayuntamiento no debe mirar para otro lado y limitándose a la  oferta de prestaciones. El Ayuntamiento, debe garantizar la eficacia de los servicios y cuando se evidencia incapacidad para conseguir los resultados esperados, han de valorarse los programas y proceder a mejorar las respuestas institucionales.

Quienes trabajan en esta materia conocen que las redes de apoyo se enfrentan a los miedos y obstáculos que paralizan a las víctimas de la violencia. Los/as profesionales especializados conocen bien el catálogo de elementos paralizantes que impiden que las mujeres se comprometan activamente con su recuperación y no cabe por tanto enumerarlos prolijamente, aunque quizás sea bueno recordar que son muchos y se extienden, desde los aspectos de atribución causal, hasta las secuelas psicológicas provocadas por el maltrato. En ese repertorio caben también las falsas creencias o valores de tipo cultural, religioso o familiar y por supuesto las circunstancias de tipo laboral, económico o de carencia de recursos.

A Gallardón le compete afrontar el conocimiento de las causas que desencadenan ese hecho en Madrid, sin escudarse como hace Concha Dancausa y su Directora General en “que las mujeres hacen uso de su libertad al rechazarlos”(sic). No debería ser necesario recordarles que precisamente la palabra libertad es de las pocas que no aparecen en el catálogo de las causas de capitulación ante la violencia.

Muchas personas han creído, ante muchas de las resignadas reacciones de las víctimas, que estas “toleran” y “transigen” con la violencia. Pero hace ya mucho tiempo, quien busco respuestas para conocer los motivos que llevaban a  las mujeres a “acomodarse” a la violencia encontró respuestas que llevaron a definir la “indefensión aprendida”  y otros comportamientos adaptativos de supervivencia. Esos hallazgos explicativos permitieron avanzar en la eficacia de las intervenciones.

Cuando desde el Grupo Socialista hemos reclamado a Gallardón, realizar un análisis de los perfiles de abandono de cara a contrarrestar los obstáculos que disuaden a las mujeres de implicarse en el proceso de recuperación y reparación del daño, estamos  demandado compromiso para avanzar activamente contra la violencia y sus secuelas.

Pero en el colmo de la procacidad el PP madrileño de Concha Dancausa, elude responsabilidades, hace dejación de competencias y se despacha con la persistente matraca de atribuir al Gobierno de España la responsabilidad de hacer aquello que, como en este caso, compete a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.  Sea como sea el hecho es que Gallardón ha rechazado analizar esta situación y, al hacerlo, desliga al Ayuntamiento del compromiso que la sociedad madrileña le exige para frenar esta barbarie, se desliga de los consensos, limita el esfuerzo para frenar esta violencia y se pone en un lugar difícilmente calificable.

Leave a Reply