Leyendo a Adrienne Rich
mayo 2nd, 2011 · General
Las italianas despiertan…El cuerpo de las mujeres en la televisión italiana
marzo 24th, 2011 · discriminacion, Machismo
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Cimentar la Igualdad
marzo 9th, 2011 · Igualdad
Somos muchas las mujeres españolas que albergamos el orgullo de haber contribuido a impulsar la agenda política que ha llevado a las mayores cotas de libertad y avance de derechos en la Historia de España. Participamos de todas las reivindicaciones de una Transición tentada a postergar las decisiones políticas que afectaban particularmente a la vida de las mujeres y tejimos desde el movimiento de mujeres y desde cargos institucionales alianzas estratégicas que han permitido el desarrollo de una agenda propia en materia de igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.
La Historia nos presenta dos periodos. Por un lado, el periodo en que los gobiernos progresistas alentaron las reformas legislativas básicas que equipararon legalmente a mujeres y hombres y que se desarrollo entre 1982 y 1996 y una segunda fase que ha tenido lugar durante los gobiernos de Jose Luis Rodriguez Zapatero y que ha supuesto el desarrollo de normas para acelerar el proceso y alentar el cambio del modelo social androcéntrico.
La primera, fue la etapa de equiparación de derechos. La segunda, de eliminación de obstáculos que impedían e impiden el desarrollo de los mismos.
Hemos entendido que no es suficiente tener reconocidos derechos. El reconocimiento de derechos sin posibilidad cierta de poder ejercerlos es una falacia y un engaño. Comenzando el siglo XXI nuestro objetivo consiste en hacerlos efectivos.
Para nosotras la importancia de las leyes promovidas en el segundo periodo es esencial por ser leyes de impulso, leyes que enfrentan los obstáculos específicos derivados de un sistema social, económico y político que nos ha excluido históricamente.
Ya no nos conformamos con decir que hemos de tener el mismo salario por el mismo trabajo, ahora, identificamos qué impide que eso sea así y mas allá de proclamar la igualdad salarial, promovemos acciones que lo hagan efectivo y sobre todo que acorten el proceso hacia el objetivo marcado.
Ya no nos conformamos con proclamar la necesidad de que las mujeres formen parte de la representación política, en este periodo, hemos legislado para que el parlamento español máximo órgano de la representación popular sea paritario por ley.
Ya no nos conformamos con reclamar paridad política, somos conscientes de que este principio ha de regir en el mundo económico, empresarial, cultural, deportivo; es decir, en todas las esferas de la vida.
Las grandes líneas de actuación ya están establecidas. Tenemos ley de igualdad, de prevención de la violencia de género, de salud reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo, tenemos un Plan nacional contra la trata y más allá de los que pudieran parecer normas específicas nos hemos dotado de una Ley de la Dependencia mientras avanzamos imparables, hacia un proceso de universalización de la educación Infantil de 0 a 3 años. Estos últimos, instrumentos son estratégicos para facilitar la conciliación corresponsable y facilitar, sin obstáculos, la incorporación de la mujeres al mundo del trabajo asalariado.
La cuestión ahora es que estas leyes cuenten con instrumentos que las desarrollen adecuadamente. Toda la estructura del Estado tiene que participar de la estrategia. He aquí la clave y el talón de Aquiles.. Marta Locatelli nos indica que quienes hemos llegado hasta aquí, necesitamos conservar “las posiciones alcanzadas hasta ahora” para que “las niñas no tengan que comenzar por donde comenzaron sus madres en cuanto a la necesidad del feminismo y a la elaboración de sus intereses y estrategias”.
Tenemos responsabilidad hacia las generaciones futuras, es nuestra responsabilidad no dejar demasiadas cargas a las próximas generaciones de mujeres. Por eso, es preciso rearmarse frente a una derecha que amenaza con recortes a la ley del aborto, alimenta estrategias contra la ley de igualdad, objeta a educación para la ciudadanía y en el colmo de la degradación, rompe el consenso en materia de violencia de género.
Tenemos responsabilidad hacia las generaciones futuras, por eso, necesitamos mantener las posiciones, anclar lo conseguido y cimentar la igualdad como práctica social incuestionable.
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¡Haberlas, hailas!
febrero 28th, 2011 · General
El 28 de noviembre de 2008 tuvo lugar el nombramiento del último Cronista de la Villa en el Ayuntamiento de Madrid. Las intervenciones en el Pleno del PSOE e IU más allá de felicitar al nuevo cronista se deslizaron hacia la regañina al Alcalde.
Es clamorosa la poca diligencia con que Gallardón da cumplimiento al artículo 16 de la Ley de Igualdad que hace referencia a nombramientos realizados por los poderes públicos y que indica literalmente que estos han de procurar “atender al principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres en los nombramientos y designaciones de los cargos de responsabilidad que le correspondan”.
Desde 1864 la institución ha contado con un elenco de varones que han sido distinguidos con un cargo que confiere un reconocimiento público y notorio a aquellas personas que han destacado a lo largo de su actividad profesional en cualquier tipo de estudios, publicaciones o trabajos relacionados con Madrid. Ninguna mujer ha formado parte de esta institución que otorga prestigio, autoridad, e influencia, esos aspectos de los que todas hemos sido ausentadas históricamente.
La exigencia del PSOE e IU para proceder al nombramiento de mujeres cronistas fue justa. El nombramiento -¡por fin!- de tres mujeres como Cronistas de la Villa pone fin a una inercia que ignoraba a las cientos de historiadoras, arquitectas y escritoras cualificadas, poderosas, capaces, con prestigio profesional, buena pluma y mejor olfato que campan por Madrid.
Necesitamos ciudades e instituciones amplias, plurales y representativas, por tanto hemos de felicitarnos. El nombramiento de Ruth Toledano, Carmen Iglesias y Maite Alcaraz como primeras mujeres Cronistas de la Villa implica hacer visibles a las mujeres y ayudará -a todas- a ser reconocidas haciendo que se valoren las aportaciones del conjunto de las mujeres.
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Gallardón apuesta por la temeridad
enero 31st, 2011 · Municipal, Política, PSOE, VIolencia
El grupo socialista del Ayuntamiento de Madrid ha puesto en evidencia datos de las memorias de atención a las victimas de violencia de género muy preocupantes. Son los siguientes: A lo largo de 2010, la Comunidad de Madrid derivo 2.333 mujeres con Orden de Protección a los servicios de apoyo psicosocial de que dispone el Ayuntamiento de la capital de España. Esa derivación supone confiar al Ayuntamiento de Madrid la responsabilidad sobre un aspecto que le compete en el marco de las responsabilidades que la Ley Integral contra la violencia de género, deposita en Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales: la asistencia social integral a las víctimas.
Tan solo 595 de estas madrileñas con Orden de Protección aceptaron recibir ayuda psicosocial.
Desde el Grupo Socialista nos hemos preguntado: ¿Qué hace que el año pasado, en la ciudad de Madrid el 73,2% de mujeres con Orden de Protección desistiesen de recibir asistencia psicológica, seguridad y apoyo para la salida de la relación violenta?.
¿Qué ocurre para que en un municipio con un importante catálogo de servicios para la recuperación y reparación del daño, las renuncias sean tan elevadas?.
La respuesta no es sencilla, pero el Ayuntamiento no debe mirar para otro lado y limitándose a la oferta de prestaciones. El Ayuntamiento, debe garantizar la eficacia de los servicios y cuando se evidencia incapacidad para conseguir los resultados esperados, han de valorarse los programas y proceder a mejorar las respuestas institucionales.
Quienes trabajan en esta materia conocen que las redes de apoyo se enfrentan a los miedos y obstáculos que paralizan a las víctimas de la violencia. Los/as profesionales especializados conocen bien el catálogo de elementos paralizantes que impiden que las mujeres se comprometan activamente con su recuperación y no cabe por tanto enumerarlos prolijamente, aunque quizás sea bueno recordar que son muchos y se extienden, desde los aspectos de atribución causal, hasta las secuelas psicológicas provocadas por el maltrato. En ese repertorio caben también las falsas creencias o valores de tipo cultural, religioso o familiar y por supuesto las circunstancias de tipo laboral, económico o de carencia de recursos.
A Gallardón le compete afrontar el conocimiento de las causas que desencadenan ese hecho en Madrid, sin escudarse como hace Concha Dancausa y su Directora General en “que las mujeres hacen uso de su libertad al rechazarlos”(sic). No debería ser necesario recordarles que precisamente la palabra libertad es de las pocas que no aparecen en el catálogo de las causas de capitulación ante la violencia.
Muchas personas han creído, ante muchas de las resignadas reacciones de las víctimas, que estas “toleran” y “transigen” con la violencia. Pero hace ya mucho tiempo, quien busco respuestas para conocer los motivos que llevaban a las mujeres a “acomodarse” a la violencia encontró respuestas que llevaron a definir la ”indefensión aprendida” y otros comportamientos adaptativos de supervivencia. Esos hallazgos explicativos permitieron avanzar en la eficacia de las intervenciones.
Cuando desde el Grupo Socialista hemos reclamado a Gallardón, realizar un análisis de los perfiles de abandono de cara a contrarrestar los obstáculos que disuaden a las mujeres de implicarse en el proceso de recuperación y reparación del daño, estamos demandado compromiso para avanzar activamente contra la violencia y sus secuelas.
Pero en el colmo de la procacidad el PP madrileño de Concha Dancausa, elude responsabilidades, hace dejación de competencias y se despacha con la persistente matraca de atribuir al Gobierno de España la responsabilidad de hacer aquello que, como en este caso, compete a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Sea como sea el hecho es que Gallardón ha rechazado analizar esta situación y, al hacerlo, desliga al Ayuntamiento del compromiso que la sociedad madrileña le exige para frenar esta barbarie, se desliga de los consensos, limita el esfuerzo para frenar esta violencia y se pone en un lugar difícilmente calificable.
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